March Against Myths

No es secreto que a pesar de que me dejé de considerar de izquierda, simpatizo más con el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y con el Partido del Pueblo Trabajador (PPT). Sin embargo, ayer vi lo siguiente en Facebook.

Propaganda PPT - Marcha Contra Monsanto

Como pueden imaginar, me quedé sorprendido por una asociación tan cuestionable entre Monsanto y la carencia de agua potable. Con mucho respeto, le dejé saber al Dr. Rafael Bernabe en su página de Facebook que si va a “exponer” los venenos de Monsanto, que más le valiera tener evidencia buena al respecto, porque —como he argumentado nuelemil veces— el movimiento irracional antitransgénico está repleto de estudios malísimos, extremadamente pobres y comprometidos con cierto sector industrial (usualmente la industria orgánica). Es bien interesante ver cómo muchos que apoyan al PPT reaccionaron adversamente a la imagen colocada por el Prof. Bernabe en su cuenta.

Sin embargo, una persona quiso argumentar a su favor y posteó como reacción a mi planteamiento este artículo  como evidencia de que el glifosato es altamente tóxico.

Killing Machine Article

Entonces me puse mentalmente mi sombrero de profesor …  pues soy profesor, ¡qué rayos! Lo que me gusta es enseñar. Como diría un muy buen amigo mío: “I’m a professor, damn it!!!!” Y le dediqué en dos comentarios en Facebook la siguiente respuesta (he omitido el nombre de ella):

Muy estimada _________:

Le agradezco muchísimo, pero MUCHÍSIMO que haya posteado exactamente ese ejemplo. Muestra exactamente TODAS las preocupaciones a las que me referí en mi intervención anterior.

En el artículo que usted posteó se enlazan tres artículos que muestran que el nivel del consumo del glifosato es relativamente alto, y que hay muestras de presencia en la orina, en la leche materna y que afecta los glóbulos rojos. Omitiré los enlaces de autoreferencia al website (una malísima costumbre de reportaje de ciencias).

Veamos lo que los tres artículos a los que el reportaje hace referencia:
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1

El primero que deseo destacar y que es más fácil de problematizar es el llamado “Detection of Glyphosate Residues in Animals and Humans” publicado por la Environmental & Analytical Toxicology. Cuando vi el título de esta revista, me sonó bien familiar. Cuando vi el URL y me di cuenta de dónde procedía, no pude sino sonreír. Esta revista procede de OMICS Publications (http://www.omicsonline.org/), una editorial con una ESPANTOSA reputación. ¿Se acuerda que en mi intervención anterior mencioné el problema de las revistas predadoras? ¡¡¡Esta es una de las PEORES!!!

¿Qué es una revista predadora? En términos sencillos, es una revista que un autor paga para publicar su artículo y que, en general, tiene pobres prácticas de arbitraje o ninguno en absoluto. Una muy buena parte de estas revistas se destacan por prácticas comerciales fraudulentas. Para una descripción más completa vea: https://scholarlyoa.files.wordpress.com/2015/01/criteria-2015.pdf. No me extenderé mi discusión sobre OMICS excepto para señalar que si usted quiere averiguar el nefasto historial, puede ir a Wikipedia, que menciona varios de los escándalos más notables (y esos son solo la punta del témpano): https://en.wikipedia.org/wiki/OMICS_Publishing_Group. Es decir, no confío en NADA publicado por OMICS.
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2

Vayamos al siguiente caso, el estudio titulado: “Determination of Glyphosate residues in human urine samples from 18 European countries“, auspiciado por el grupo Amigos de la Tierra (específicamente, su rama alemana: BUND). De entrada hay que indicar que en el estudio no se hace aserción alguna en torno a conflictos de intereses, ya que AdT está ideológicamente comprometido por ser un movimiento antiOGM.

El laboratorio que trabajó las muestras fue el Laboratorio Médico de Brehmen, bajo la supervisión del director de estudios, el Dr. Hans-Wolfgang Hope. Es de notar que este señor fue uno de los autores del artículo publicado en OMICS. En otras palabras, es un médico que publicó en una revista de mala reputación y eso inmediatamente es razón para sospechar.

En el estudio de AdT, el laboratorio mide las muestras de orina obtenidas de voluntarios en 18 países de Europa se registra la presencia de glifosato. En otras palabras, en el caso de la orina, muestra que el glifosato que es consumido vía los alimentos en Europa es efectivamente excretado por el cuerpo humano … algo en el que todos los expertos en el glifosato coinciden. ¿Qué de nuevo trajo esto a la mesa de la discusión científica? Absolutamente nada. Lo que SÍ hubiera sido interesante es cuánto del glifosato consumido compara con el excretado (para saber si efectivamente el cuerpo absorbe el glifosato). Para nuestra desgracia, el estudio no nos dice nada al respecto. Otro asunto que no aclara es cuánto el nivel obtenido por orina compara con la dosis de toxicidad del glifosato (aproximadamente 140,000 mg/kg para una persona de peso corporal de 154lb.) y el límite de dosis estipulado por la EFSA (0.1 mg/kg). TODAS las cifras del glifosato que aparecen en el estudio están MUY por debajo de ese número (nota que todas las cifras están en MICROgramos por Litro, no MILIgramos por kg; en el caso del agua, 1 L (1 dm³), es casi igual a una masa de 1 kg). ¡Claro! No hacen esas medidas comparativas que he señalado porque obviamente el nivel de toxicidad del glifosato consumido [parecería] extremadamente insignificante. ¡Esa información no le convendría mucho a Amigos de la Tierra!

En otras palabras, Amigos de la Tierra y compañía gastaron dinero para absolutamente NADA en el orden científico, aunque sí para asustar a medio mundo con el glifosato. Un estudio como este no pasa de ser una excelente manipulación mediática que desea espantar al público cuando explota su desconocimiento en toxicología.
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3

En cuanto a la leche materna — Por mucho que citen estos estudios individuales y preliminares, estos han sido refutados por metaanálisis hechos en torno al tema. Recuerdo que los metaanálisis son los estudios MÁS SÓLIDOS de las ciencias. En NINGUNO de ellos se evidencia la detección de presencia de glifosato en la leche humana. Me remito a estos estudios:

*Glyphosate and aminomethylphosphonic acid are not detectable in human milk — este artículo tiene a tres autores que trabajaron para Monsanto, así que no puede considerarse totalmente independiente. Este artículo es de libre acceso: http://ajcn.nutrition.org/content/early/2016/03/30/ajcn.115.126854.abstract. Este estudio también hace análisis de orina y corrobora exactamente el hecho de que el glifosato no es absorbido por el cuerpo, sino excretado. Este estudio ha sido muy bien recibido por la comunidad científica en general, ya que la metodología ha sido examinada y propiamente validada por un laboratorio de reputación, independiente de Monsanto (Covance Labs): http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4743594/. Véase también: https://www.sciencedaily.com/releases/2015/07/150723133120.htm.

*Determination of Glyphosate Levels in Breast Milk Samples from Germany by LC-MS/MS and GC-MS/MS (este artículo es genuinamente *independiente* de intereses industriales), también es de libre acceso: http://pubs.acs.org/doi/pdf/10.1021/acs.jafc.5b05852.

*Analysis of Glyphosate and Aminomethylphosphonic Acid in Nutritional Ingredients and Milk by Derivatization with Fluorenylmethyloxycarbonyl Chloride and Liquid Chromatography–Mass Spectrometry — http://pubs.acs.org/doi/10.1021/acs.jafc.5b04453. Este es un estudio de los laboratorios Abbott, cuyos intereses son independientes de Monsanto ni tiene vela en el asunto del glifosato.

En otras palabras, estudios de la industria y los independientes apuntan exactamente al mismo resultado. Así que a pesar de los alegatos de Moms Across America, los estudios que citan están BIEN refutados por evidencia sólida. Además de que ni hace falta corregir disparates del susodicho “estudio” de esa organización al decir que el “glifosato se asemeja a los PCBs”. Es interesante que el llamado “estudio” de esa organización vea con beneplácito al Dr. Don Huber, alguien que por más de 10 años ha alegado que tiene un patógeno producido por OGMs y el glifosato, pero que no ha querido someterlo al examen de la comunidad científica. A estas alturas, ningún científico le cree ese cuento. Eso revela el total desconocimiento de las ciencias por parte de Moms Across America y los “aliados” con los que cuenta el movimiento antitransgénico.

Finalmente, en cuanto al estudio “The effect of metabolites and impurities of glyphosate on human erythrocytes (in vitro)“, tengo que rascarme la cabeza y preguntarme si la gente está bromeando cuando lo cita. Sí, el glifosato afecta a los glóbulos rojos cuando se aplica EN GRANDES CONCENTRACIONES (lea el estudio). De acuerdo con los mismos estudios de los antitransgénicos, las concentraciones de glifosato son minúsculas. Por lo tanto, NO afectarían en lo absoluto a los glóbulos rojos. A fin de cuentas, el glifosato está brevemente en la sangre termina siempre en los riñones y en nuestro excremento donde después es expulsado del cuerpo.

Así pues, el reportaje de Natural Society, que tiene intereses económicos a favor de la industria orgánica y cuya atemorización de la sociedad le resulta en enormes ganancias (véase la tiendita: https://shop.naturalsociety.com/), sencillamente muestra una ignorancia generalizada en torno al tema del glifosato y de los transgénicos en general.

Así que, perdóneme, pero sencillamente este reportaje malísimo no me convence.

Partes de la serie: 1, 2, 3a, 3b, 4a, 4b, inter1, 4c, inter2

Cordialmente dedico esta discusión al PIP

Correlación no es lo mismo que causación

Dicho: “Hay tres tipos de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas“, frase atribuida o a Benjamín Disraeli, exPrimer Ministro del Reino Unido, o a Mark Twain.

Engañar con estadísticas es fácil. Desentrañar los misterios de datos estadísticos o la formulación de una teoría adecuada que las interprete es un trabajo largo, engorroso y muy difícil (al menos para la mayoría de nosotros). Mediante las estadísticas les puedo probar a ustedes lo que sea.

Ahora mismo se me ocurre una propuesta:

Ignacio Rivera, uno de los panelistas del programa de radio Fuego Cruzado, causa cáncer.

Sí … suena una tesis descabellada que, personalmente, no la creo. Pienso que es 100% falsa. ¿Cómo se podría probar que Ignacio Rivera da cáncer? Piénsenlo.

Ignacio Rivera ha conocido a muchas personas. Sin embargo, da la casualidad que, a medida que pasa el tiempo (¡y cuidado que en su caso SÍ ha pasado MUCHO tiempo! … pregúntenle a Carlos Gallisá), él se da cuenta de que mucha de la gente que conoció se está muriendo o han sido diagnosticadas de cáncer. Primero uno, después dos, tal vez algún familiar suyo, después alguna amiga y así por el estilo.

Podemos preguntarnos sobre esta incidencia de cáncer entre los amigos y familiares de Ignacio Rivera. Lo miramos desde un punto de vista estadístico y descubro una correlación perfecta entre las incidencias de estas pobres víctimas del cáncer con Ignacio Rivera. Es más, sin temor a equivocarnos, podríamos decir que hay un denominador común a todas estas personas … el mismo Ignacio. Tal vez Ignacio les dio la mano, le dio un beso a sus familiares, abrazó a queridos amigos suyos … y así les pegó el cáncer.

¿Me equivoco o no me equivoco? Como siempre, el asunto de las estadísticas es bien “tricky“. Las probabilidades (incluyendo las de 100% de probabilidad) dependen en gran medida del número de variables involucradas en una incidencia particular. Nuestra hipótesis explicativa de esta incidencia sería 100% correcta si esas fueran las únicas variables. Sin embargo, como es bien sabido, las causas del cáncer incluyen a otra variedad de variables, a veces no detectadas por ningún estudio científico en casos singulares: predisposición genética, exposición al asbesto, sustancias en el medio ambiente, exceso de suplementos, exposición a radiación, entre muchos otros. Si incluimos todas estas variables, esa tasa de 100% de seguridad de que Ignacio haya sido la causa del cáncer empieza a reducirse dramáticamente.

Sin embargo, hay otros elementos que no solo reducen sino que eliminan totalmente la posibilidad de que Ignacio cause cáncer.

  1. Tiene que haber una teoría de cómo causa cáncer. Sencillamente no hay teoría alguna de cómo Ignacio causaría cáncer a sus amigos y familiares. Al contrario, todas las teorías disponibles en torno al cáncer descartan tal posibilidad.
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  2. Aun si no haya tal teoría, pero se postula como mínimo algún vínculo causal, tendría que formularse alguna hipótesis que considere una o varias variables en cuestión. En tal caso, solo los experimentos controlados pueden establecer la relación causal. Si hay una correlación, debería haber un alto porcentaje entre la muestra razonablemente grande de gente que conoce a Ignacio (grupo experimental) y otra muestra grande de gente que no lo conoce (grupo control). Si la tasa de incidencias de cáncer en el grupo experimental es significativamente más alto que el del grupo control, entonces aumenta la probabilidad de que Ignacio sea la causa. Si los dos grupos coinciden porcentualmente o muestran la llamada “curva de la campana” (coincidencia estadística), entonces no habría tal relación causal.

Soy filósofo … no soy científico. Todo científico debe sentirse libre para corregirme si así lo desea, pero hasta donde sé, esta es una descripción bien “en arroz y habichuelas” de cómo los científicos trabajan con estadísticas.

Sin embargo, hay gente en este mundo que establece correlación sin pasar por el trabajo arduo estadístico de cualificar los datos, o de estipular alguna hipótesis causal lo suficientemente específica como para que pueda ser contrastada con un experimento controlado o hacer el experimento y cualificar los resultados.

Como siempre indicamos los filósofos de las ciencias, toda hipótesis que no pueda ser contrastada con la experiencia no cuenta como ciencia genuina. Si alguien reclamara que dicha propuesta es científica, entonces se convertiría en pseudocientífica … y eso es de lo que queremos hablar.
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El glifosato causa  … TODO

El autismo es la fiebre de discusión del momento. ¿Quiere usted alguna manera eficiente de causar interés, intriga y temor? ¡Nada mejor que el tema del autismo! Forma parte de toda una ristra de temores contemporáneos comunes: el autismo, el cáncer, el mal de Párkinson, la enfermedad cilíaca, el Alzheimer, la obesidad, la demencia, la diabetes, etc.

Imagínense mi sorpresa cuando, por primera vez, encontré un estudio que indica que el glifosato es responsable de que mueran las bacterias de los intestinos, aunque también causa …  el autismo, el cáncer, el mal de Párkinson, la enfermedad cilíaca, el Alzheimer, la obesidad, la demencia, la diabetes … en otras palabras … ¡TODO! O al menos “todo” lo involucrado con el metabolismo (¿demencia, depresión?).

Samsel, A. & Seneff, S. (2013). Glyphosate’s Suppression of Cytochrome P450 Enzymes and Amino Acid Biosynthesis by the Gut Microbiome: Pathways to Modern Diseases. Entropy, 15, 1416-1463. doi:10.3390/e15041416

En el abstracto de este artículo, afirma:

Here, we show how interference with CYP enzymes acts synergistically with disruption of the biosynthesis of aromatic amino acids by gut bacteria, as well as impairment in serum sulfate transport. Consequences are most of the diseases and conditions associated with a Western diet, which include gastrointestinal disorders, obesity, diabetes, heart disease, depression, autism, infertility, cancer and Alzheimer’s disease.

Si esto es verdad, debería considerarse un trabajo fantástico. En otras palabras, cualquier cosa que tenga que ver con problemas metabólicos.
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¿Quiénes son los autores?

De Anthony Samsel no he podido obtener mucho, excepto que es un “consultor de ciencias” retirado que se especializa en productos agrícolas. Sin embargo, parece que la gran estrella responsable de esta joya es Stephanie Seneff (quien es la que más ha dado la cara en cuanto a este artículo académico). Hay que aclarar que Seneff no es una experta en biología ni en ninguna de sus ramas (medicina, toxicología, biotecnología, bioingeniería, genética, etc.), sino que es profesional de ciencias de computación. La razón de por qué ella ha sido la figura más saliente en todo este suceso es que ella es científica de computación del Massachusets Institute of Technology (MIT). El nombre MIT tiende a dar prestigio a la persona que lo usa.

Vale la pena indicar que Seneff tiene un historial bastante cuestionable en lo que respecta a las ciencias, ya que hizo un estudio de igual “calidad” que este en torno a las vacunas y el autismo.

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¿Cuál es la evidencia?

Hay tres propósitos del trabajo:

  1. Mostrar cómo el glifosato inhibe las encimas CYP y el proceso metabólico en el que participan. Se extiende bastante discusión técnica al respecto, en la que (por alguna razón) discute el decrecimiento de las abejas a nivel mundial (pp. 1425-1427). El problema con esta aserción (traída por los pelos) es que no hay estudio alguno que muestre que dicho descenso se deba al glifosato. En experimentos hechos con abejas, se pueden rociar hierbas adyacentes (hasta tres veces más de lo normal)  y entrar en contacto con este sin efecto alguno (véase a Burgett y Fisher, 1990)). Además, el descenso poblacional de las abejas tiene un historial complejo. El descenso dramático de la población de las abejas más reciente partió del 2004 o 2005, no del 1996 (como alega el estudio), por ende, no hay correlación alguna entre el colapso de las colonias de abejas y la adopción del glifosato.
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  2. La inhibición de las encimas CYP, afecta las bacterias en nuestros intestinos que cumplen un rol en nuestro proceso metabólico.
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  3. La evidencia de ello es la cantidad de síntomas creados por esta falta de metabolismo … y de ahí la ristra de síntomas.

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La reacción de la comunidad científica

Cuando se publicó este artículo, causó sensación cuando Reuters le hizo publicidad. Las críticas de la comunidad científica y de periodistas de las ciencias no se hicieron esperar. Keith Kloor (reportero de ciencias para Discover) mostró las siguientes reacciones en su artículo al respecto:

Reacción de Kevin Folta

El agrónomo Andrew Kniss, de la Universidad de Wyoming, cuestionaba por qué todo el mundo le llamaba “estudio” al artículo en discusión, si era totalmente carente de datos. Es más, decía que tenía el mismo grado de credibilidad del creacionismo.

Hubo una enorme sospecha de su alegato: ¡qué casualidad que todos los temores contemporáneos que prevalecen en la mente del público son “causados” por la sustancia más asociada a Monsanto, la compañía más irracionalmente odiada del mundo!

Una de las primeras personas en reaccionar fue Tamar Haspel, una periodista y bloguista de la sección verde del Huffington Post (no es exatcamente amiga de Monsanto), autora de una columna cuyo título es bien elocuente: Condemning Monsanto with Bad Science is Dumb. Entre las cosas que resalta es un nuevo neologismo inventado por Samsel y Seneff: entropía exógeno-semiótica. Si no logran encontrar el significado de la palabra en la literatura científica, no se preocupen. El término no existe en la ciencia. Sin embargo, esta es su definición: la interrupción de la homeostasis por toxinas ambientales (pág. 1416).

Según Haspel, el alegato de que el glifosato inhibe la encima CYP se basa en dos estudios que no están relacionados para nada con este tipo de encima (véase los dos estudios aquí y aquí). Nótese que ambos estudios involucran a G. Séralini (cuyo experimento ya hemos discutido). Ambos estudios son especulativos (solo hablan de la “potencial” toxicidad del glifosato en el caso del sistema endocrino y en cuanto a las células de la placenta). No hay evidencia alguna de este tipo de toxicidad con el glifosato. Para un estudio más completo y claro al público en cuanto a la toxicidad del glifosato, véase esta exposición.

Peor todavía, el estudio de Samsel y Seneff solo alude a otros estudios para establecer una correlación con cada enfermedad que atemoriza al público en general, pero sin establecer causación. En palabras de Harper:

The evidence for these mechanisms, and their impact on human health, is all but nonexistent.

No hay ningún experimento que demuestre que el glifosato realmente esté vinculado causalmente a cada uno de los males enumerados por Samsel y Seneff. Haspel menciona que ninguno de los estudios para formular su hipótesis de la inhibición de CYP es realmente específica a esa encima. Sin embargo, sí hay estudios que vinculan a 18 toxinas (ninguna de ellas glifosato) que sí inhiben la encima CYP.

Creo que las palabras de Haspel al final de su artículo son muy elocuentes:

There’s real danger in bad science like this. Industrial agriculture has created a lot of environmental problems. We have to find ways to reform our food system, but shoddy research only helps Monsanto. If we base our objections on papers like this one, we won’t — and we shouldn’t — be taken seriously.

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Si no es el glifosato … ¿qué causa estas enfermedades?

Creo que la obesidad es causada por gente que come mucha grasa y azúcar y no salen a caminar o hacer ejercicio.

Creo que la diabetes se debe al consumo excesivo de dulces y bebidas azucaradas y falta de cuidado corporal.

Y así podemos ir una por una de las enfermedades para ver cuál es el vínculo causal de cada enfermedad.  Sin embargo, hay unas que son más fáciles de identificar que en otras.

Por ejemplo, las causas del autismo son complejas. Ciertos experimentos de gemelos separados al punto de nacer parecen sugerir que el autismo puede ser de origen genético (aunque hacen falta algunos estudios al respecto, véase también este estudio). Puede también deberse a la interacción entre predisposiciones genéticas y ambientales (aun desde el útero). La búsqueda del gen, o conjunto de genes, o el conjunto de genes con los factores ambientales, continúa en una madeja de modelos complejos que esperamos que nos lleven de alguna manera a solucionar este enigma.

Sin embargo, lo que sí le preocupa a muchos es el notable aumento vertiginoso del autismo alrededor del mundo. ¿Se debe al glifosato? ¿Las vacunas? ¿El WiFi? Lo más probable es que no.

Parece mentira, pero la realidad es que el aumento drástico del autismo a nivel mundial es por … las estadísticas. Este fue el resultado de una investigación extensa en torno a este tema que se publicada este mismo año. Aunque el estudio se circunscribe a Dinamarca, documenta, evalúa y cualifica el aumento de los casos de autismo en ese país (más de 670,000) desde 1991 al 2011. Aparentemente, el 60 % del aumento de los casos reportados como autismo se debe sencillamente a que se ha redefinido el término “autismo” por la comunidad científica para incluir gradualmente a una población que previamente no se diagnosticaba como autista. Esa ha sido la opinión de varios expertos que han estudiado el fenómeno. Este artículo sobre el autismo en Dinamarca solo confirma la sospecha.

¡Eso es todo! El aparente aumento se debe a dos cosas: el aumento de la población a nivel mundial y al cambio de definición de “autismo” en la comunidad científica.

Ante tanta crítica en torno a la incompetencia del artículo de Samsel y Seneff viene la próxima pregunta: ¿cuál revista académica arbitrada permitió que se publicara?
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La revista académica desprestigiada …

Como hemos visto ya, la inmensa mayoría de estos los científicos que usualmente publican estos temas antiOGM y antitransgénicos tienen la malísima suerte de que sus estudios son tretractados por incompetencia, son publicados por revistas fraudulentas, o no arbitradas, o no publicada por gente de especialidad en el tema. Este es uno de esos casos … ¡otra vez! …

Seneff quiso publicar sus estudios antivacunas y antiglifosato en la revista Entropy. Esta es una revista “académica” de libre acceso en torno a física.  Repito, la revista se fundó con el objetivo de hacer accesible artículos de física … no biología, ni toxicología ni medicina. ¿Qué hacen dos artículos de toxicología publicados en una revista de física? Sencillamente porque esta revista no es arbitrada (o al menos hace un “aguaje” de que es arbitrada). Ninguna revista arbitrada de física dejaría publicar artículos en medicina o toxicología, no importa cuan buenos sean, porque no son su área de especialidad.

Eventos como este ocurren frecuentemente en Entropy, hasta el punto que esta revista está desprestigiada ante los ojos de la comunidad científica.

El investigador británico Ariel Poliandri utilizó este artículo académico de Samsel y Seneff como un claro ejemplo de cómo identificar revistas fatulas o fraudulentas.

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ADDENDUM: En torno al glifosato y al cáncer

Mientras estaba investigando, encontré un reportaje de El País en torno a la toxicidad del glifosato y su vínculo al cáncer. De acuerdo con El País, hubo un estudio hecho por profesores de Medicina de la Universidad de Córdoba, España, donde encontraron un vínculo fuerte entre estas dos variables.

Desgraciadamente, las noticias más sensacionalistas salen primero, pero fallan en publicar o darle mayor notoriedad a las que las desmienten. Por ejemplo, he aquí una declaración de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Córdoba (gracias a J. M. Mulet).

CDLyotkWMAAr6J7(denle click a la imagen)

Así que no hay manera de sustentar este vínculo entre el glifosato y el cáncer con base en ese estudio.

 

Referencias

Burgett, M. and Fisher, G. (1990). A review of the Belizean honey bee industry: Final report prepared at the request of The Belize Honey Producers Federation. Corvallis, Oregon: Department of Entomology, Oregon State University.

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Cordialmente dedicado a todos los que
decidieron marchar hoy contra Monsanto.

Partes de la serie: 1, 2, 3a, 3b, 4a, 4b e inter.

Nota preliminar: Si lo que les interesa es toda la discusión sobre el glifosato, pueden saltar la primera sección.

Cuando la gente no entiende el mundo de las toxinas y le hacen caso a revistas fraudulentas …

La ventaja de presentar la discusión de las toxinas desde un punto de vista evolutivo es que pone en perspectiva muchos aspectos que no se están discutiendo con el tema de los pesticidas, herbicidas y los transgénicos en general. También revela los miles de problemas que podemos ver con su comprensión por parte de mucha gente del público. Por ejemplo, ¿se acuerdan del enlace que discutí en el artículo pasado en torno al Bt y su uso por los agricultores orgánicos? Podemos ver muy claramente la confusión de la autora del artículo: por un lado recomienda el Bt como un pesticida eficiente a usarse en la comida, pero, por otro lado, dice que su consumo en los transgénicos (e.g. maíz Bt) es peligroso … no explica por qué, solamente asume de manera bien vaga que la lluvia u otros factores “limpiarán” el Bt rociado de los vegetales, pero no de los transgénicos. No menciona nada de la posibilidad de que el Bt rociado llegue con el producto al consumidor.

La histeria contra el Bt por parte de los que favorecen alimentos orgánicos no se comprende a ningún nivel. Sin embargo, a pesar de su uso amplio por la agricultura orgánica, se ha denunciado el uso de transgénicos con Bt debido a este estudio:

Mezommo, B.P., Miranda-Vilela, A. L., Barbosa, L. C., Albernaz, V. L., Grisolia, C. K. Hematotoxicity and genotoxicity evaluations in Swiss mice intraperitoneally exposed to Bacillus thuringiensis (var kurstaki) spore crystals genetically modified to express individually Cry1Aa, Cry1Ab, Cry1Ac, or Cry2Aa. Food and Chemical Toxicology, 12 nov. 2012. doi:10.1016/j.fct.2012.10.032. (Para propósitos de acceso al estudio utilizaré la versión de libre acceso de la que hablaré más tarde).

Aquí se usó un tipo de Bt que está creado explícitamente para atacar a ciertos insectos sin que haga daño a otros tipos de insectos (como por ejemplo las abejas o las mariposas) ni a las aves ni mamíferos. Según este estudio, esta variante del pesticida Bt enfermaba a ratones suizos utilizados en un experimento de laboratorio, especialmente una serie de desórdenes en células de la sangre (leucemia). Sin embargo, la falla del experimento radicaba en que no investigaba el Bt en ratones en cuanto a la dosis que generalmente se encuentra en el ámbito agrícola, sino más bien se les dio a ellos un exceso de Bt (que no se encuentra en el ámbito agrícola). Se les dio a tres pares de ratones (tres machos y tres hembras) unas dosis de 27, 136 y 270 mg/kg correspondientemente. Según estos científicos, en los seis casos se mostraron efectos negativos.

Como podrán sospechar, la muestra de ratones es demasiado pequeña, lo que constituye el primer problema con el experimento. En segundo lugar, los resultados de este estudio explícitamente contradicen cientos de estudios que se han llevado a cabo en torno al Bt y sus variantes. Myles Power, el famoso escéptico británico, utiliza como ejemplo este estudio de la Environmental Protection Agency en 1995, en que se le dio a ratones cerca de 3,289 mg/kg a uno de ellos en una sola dosis, sin efecto adverso alguno. Según Power, imagínense a un hombre de 84 kg comerse 276.3 gramos de esta toxina sin problema alguno (pág. 5). Esto se debe a que este tipo de Bt no solo es inofensivo para los mamíferos en general, sino que está dirigido solamente a un pequeño grupo de insectos.

Finalmente, aunque los científicos que hicieron este experimento alegan que hubo un efecto adverso en el Bt en los ratones, sus propias gráficas muestran claramente coincidencia estadística (la curvatura U de la que hablan en la pág. 7), no un claro vínculo entre el Bt y las enfermedades de los ratones.

Por estos serios defectos y otras razones, la revista Food and Chemical Toxicology retractó ese artículo. Sin embargo, más adelante se publicó en la revista Journal of Hematology & Thromboembolic Diseases, bajo una licencia de Creative Commons para su libre acceso. Esto parecería ser algo bueno. Personalmente fomento la diseminación de obras y artículos profesionales bajo licencias libres. Sin embargo, el entusiasmo de una persona debe desvanecerse cuando se fija en la parte de abajo de la página donde se ve este logo.

OMICS International
¿Quiénes son OMICS International? Los creadores de esta revista de acceso abierto, pero también tienen un poco de mala fama. Wikipedia los describe de la siguiente manera (presento aquí la información más interesante para mí):

Academics and the United States government have questioned the validity of peer review by OMICS journals, the appropriateness of author fees and marketing, and the apparent advertising of the names of scientists as journal editors or conference speakers without their knowledge or permission. As a result, the U.S. National Institutes of Health does not accept OMICS publications for listing in PubMed Central and sent a cease-and-desist letter to OMICS in 2013, demanding that OMICS discontinue false claims of affiliation with U.S. government entities or employees. OMICS has responded to criticisms by avowing a commitment to open access publishing and threatening a prominent critic with a US$1 billion lawsuit. … As of 2012, OMICS Group had more than 200 journal titles, about 60% of which had no content. …

It was also suggested that OMICS provides lists of scientists as journal editors to create the impression of familiarity or scientific legitimacy, even though these are editors in name only and are not involved in the review or editing process. An editor-in-chief who was contacted by Science stated that he had never handled any papers; in an interview with The Hindu, another said he had not been informed of his purported editorship. The company has been slow to remove the names of editorial board members who requested to terminate their relationship with OMICS activities. Some observers have described the publisher as “predatory”, insofar as authors who have submitted papers have been sent invoices after their manuscripts were accepted for publication despite the lack of a robust peer review process. Charges may be as high as US$3,600. One author received an invoice for US$2700 after her paper was accepted; this fee was not mentioned in the email message OMICS sent her to solicit a submission.

Other criticisms of OMICS include the publication of pseudoscientific articles, deceptive marketing practices, targeting of young investigators or those in lower income regions, and the advertising of academic or government scientists as speakers or organizers for OMICS conferences without their agreement. In 2012, an OMICS journal rejected a paper after the reviewer noticed it was plagiarised from a paper he had previously co-authored; another OMICS journal published the same paper later that year. The paper was removed from OMICS’ website in 2014.

¡Ay Dios mío! ¡A la verdad que los antiOGMs y antitransgénicos tienen TANTA mala suerte buscando algo legítimo que soporte sus puntos de vista! (Vean los artículos anteriores de nuestra serie).
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El glifosato … the mouse that roared

Esto es más lamentable, aun cuando uno está perfectamente consciente de que estos temas despiertan mucha pasión hasta el punto de no verificar la información. Por ejemplo, se ha afirmado que el glifosato ha causado malformaciones en cerdos poco tiempo después de nacidos y que se mostraba una alta contaminación de glifosato por todo su cuerpo. Esas conclusiones aparecen en este estudio:

Krüger, M., Schrödl, W., Pedersen, I. y Shehata, A. A. (2014). Detection of Glyphosate in Malformed Piglets. Environmental & Analytical Toxicology, 4: 230. doi:10.4172/2161-0525.1000230.

Sin embargo, cuando investigamos cuál revista es Environmental & Analytical Toxicology, vemos que aparecen de nuevo nuestros queridos “amigos” de OMICS (vean la parte de abajo de su página aquí), la publicadora experta en fraudes. Lo que me encanta de este estudio es que vuelve a repetir la tendencia de los pésimos estudios que hemos visto de Séralini y Carman, de poner fotos para impresionar al público y prácticamente no hacer experimento controlado alguno.  Este artículo ha sido desmontado en su totalidad públicamente por el biólogo Kevin Folta.

¡No me malinterpreten! Parece que un laboratorio que hacía pruebas para la compañía Monsanto, intentó falsificar datos en torno a los efectos tóxicos del glifosato. Así que podría argumentarse que hay falsificación de parte del mismo Monsanto o de algunos de sus asociados. Sin embargo, como se desprende del mismo documento, la misma EPA se aseguró de que los datos de Monsanto estuvieran al día y fueran fidedignos.

Hay muchos que argumentan que no se han hecho suficientes datos en cuanto al glifosato y que deberían hacerse experimentos serios al respecto. ¡¿De verdad?! No es que no quiera que haya más experimentos para comprobar toxicidad (siempre harán falta), pero creo que la gente que dice eso no se ha dado cuenta de ya se han hecho cerca de dos mil experimentos con glifosato, especialmente en lo que concierne a su toxicidad.

Aun cuando se alegue que Monsanto “sabía” que el glifosato era un “posible cancerígeno”, no se puede estirar mucho el chicle de la hipótesis conspiratoria, de cómo Monsanto ocultó la información al respecto. A fin de cuentas, una vez el RoundUp estuvo disponible en la calle para uso de todos, NADA impidió a los científicos de todas partes del mundo llevar a cabo experimentos en torno al glifosato para conocer sus posibles consecuencias. Ningún científico (especialmente los independiente) se hallaba impedido de examinar distintos ángulos de toxicidad: si era carcenígeno, las dosis que podrían impactar el cuerpo humano, etc.

Hoy día se sabe a saciedad (aunque no de manera completa) las consecuencias del glifosato gracias a los científicos corporativos, los laboratorios del gobierno y los científicos independientes. Tanto los científicos que trabajan para distintos gobiernos del mundo y los científicos independientes en general han llegado a las siguientes conclusiones en cuanto al glifosato:

  • Para todos los efectos, el consumo actual de glifosato vía los alimentos rociados con este no representa ningún riesgo para la salud humana. Los científicos de la Unión Europea coinciden con esta conclusión.
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  • El glifosato no es una toxina muy potente para los seres humanos. De hecho, la cafeína es mucho más potente como toxina que el glifosato. Algunos de los incidentes del daño de glifosato a humano tienen que ver con intentos de suicidio mediante el consumo de RoundUp. Aunque algunas de estas personas murieron, la mayoría solamente tuvo síntomas leves.
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  • La inmensa mayoría de los daños al ser humano que se han reportado por el uso del glifosato son leves: irritación de los ojos, quemas leves en la piel, e irritación de piel o de garganta. Esto usualmente ocurría con personas que no tomaban las debidas precauciones con el RoundUp o fueron víctimas de administración irresponsable de RoundUp.
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  • Hubo muchos estudios importantes en torno al glifosato han mostrado que no es carcinógeno, para ahorrar espacio, solo mencionaremos tres de los considerados más importantes:
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    • Primer estudio: Publicado en agosto del 2012, titulado “Safety Evaluation and Risk Assessment of the Herbicide Roundup and Its Active Ingredient, Glyphosate, for Humans”, publicado en Regulatory Toxicology and Pharmacology.  El estudio concluye de la siguiente manera: “It was concluded that, under present and expected conditions of use, Roundup herbicide does not pose a health risk to humans.” (Abstract)
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    • Segundo estudio: Publicado en 1993, señala que el glifosato parece no tener la estructura química semejante a la de otras sustancias que sabemos que son cancerígenas.
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    • Tercer estudio: Publicado en el 2013, tal vez el estudio más comprehensivo que se ha hecho del glifosato utilizando artículos arbitrados a nivel mundial llevado a cabo por la Bundesinstitut für Risikobewertung (BfR), en Alemania. El que no quiera leer el informe larguísimo y que requiere registro, léase más bien este documento que explica todo el asunto en “arroz y habichuelas” como diríamos los boricuas. Finalmente, en diciembre del 2014, la BfR publicó una revisión de su informe, afirmando categóricamente, con mucho mayor respaldo empírico, que el glifosato no era cancerígeno.

Sin embargo, ha salido a relucir un nuevo reporte este mismo año, el informe de la Agencia Internacional para la Investigación de Cáncer (IARC por sus siglas en inglés), una rama de la Organización Mundial de la Salud (OMG). Este es un informe muy corto y que determina que el glifosato puede ser catalogado “2A”.  Esto se ha tomado en los medios a nivel mundial como una certeza absoluta de que el glifosato es carcenígeno.  En realidad, lo que intentaron decir los científicos del IARC era algo un poco más complejo.

En primer lugar, tenemos que entender que la IARC no hace ninguna investigación ni experimento original para determinar si una sustancia da cáncer o no. Lo que sí hace es reseñar los estudios ya disponibles al respecto y catalogar la sustancia en cuestión de acuerdo a su sistema de gradación. Veamos dicho sistema detenidamente:

  • Grupo 1: Carcinógeno para los humanos.
  • Grupo 2A: Probablemente carcinógeno para los humanos.
  • Grupo 2B: Posiblemente carcinógeno para los humanos.
  • Grupo 3: No se puede clasificar adecuadamente
  • Grupo 4: Probablemente no carcinógeno para los humanos

En otras palabras, el glifosato no ha sido identificado categóricamente como carcinógeno (Grupo 1). La razón por la que la IARC determinó el grado “2A” se debe a que algunos estudios parecen indicar evidencia muy limitada de que el glifosato se haya correlacionado al linforma no hodkiano, aunque este vínculo todavía no se ha demostrado. También afirma que hay evidencia “convincente” de que el glifosato genera cáncer en los animales (este punto lo discutiremos más tarde). También el informe aclara que este riesgo de cáncer se limitaría solamente a la práctica agrícola (acumulado por años y sin las debidas protecciones), no al consumo o exposición ocasional.

Sin embargo, hay dos cosas sospechosas de este estudio. Primero, por alguna razón no incluyó el estudio comprensivo del BfR (el de diciembre del 2014), por lo que no debemos sorprendernos de que esta institución fue la primera en reaccionar ante la publicación del informe del IARC. Segundo, y lo que parece más sospechoso todavía, es que aparentemente la IARC tuvo en cuenta el experimento de Séralini como válido como “evidencia convincente” de que el glifosato genera cáncer en los animales. Ya hemos visto lo “fiable” que fue ese experimento, y no falta quien denuncie a la IARC por ello. No nos olvidemos tampoco que en el pasado la IARC ha sido criticada por apoyar conclusiones falsas sin suficiente evidencia. Hay muchos que denuncian a Monsanto por haber solicitado a la IARC a que revisara su conclusión a la luz de la evidencia científica actual. Aunque no soy fanático de Monsanto, si queremos verlo objetivamente, esta compañía tiene toda la razón del mundo.

Finalmente, tenemos que señalar que aun si este vínculo entre el glifosato y el cáncer fuera cierto, tenemos que tener cuidado en dos sentidos:

  1. Aun si fuera cierto que el glifosato causa cáncer en los animales, eso no significa que le daría cáncer a los seres humanos. Ejemplo de ello es el aspartame. Se ha podido mostrar en experimentos controlados de laboratorio que el aspartame genera cáncer en los ratones de laboratorio, pero no en los seres humanos. De hecho, se han hecho experimentos de largo tiempo (hasta veinte años) y transgeneracionales con humanos en relación con el aspartame y el resultado muestra que no es cancerígeno para los humanos. En cuanto a esto coinciden cerca de 100 agencias de regulación en el mundo (véase este estudio y este).
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  2. Y aun si fuera cancerígeno, eso no significa que el glifosato deba evitarse a toda costa. Hay sustancias que sabemos que son cancerígenas y que los seres humanos necesitamos para funcionar, por ejemplo, el estrógeno, el beta-caroteno (en calidad de antecesor de la vitamina A), la vitamina D, entre otros. La dosis hace la diferencia (en toxicología se diría: “la dosis hace el veneno”). Una pequeña dosis de beta-caroteno que nuestro organismo convierta en vitamina A es buena. Ahora bien, si tomamos demasiado beta-caroteno, hay un riesgo real de desarrollar cáncer como han mostrado repetidos estudios. De hecho, contrario a lo que sugieren muchos naturistas, un régimen dietético que incluye sustancialmente suplementos vitamínicos puede llevar a facilitar, desarrollar enfermedades como el cáncer y otros o puede llevar a la muerte.
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    La dosis que usualmente consumimos de glifosato es realmente una minucia. Hay gente que se alarma porque hay estudios que indican que se ha encontrado glifosato en la orina humana. Sin embargo, este dato confirma que el glifosato no representa una amenaza a la salud humana, ya que no se acumula en el cuerpo humano sino que se expulsa debido a su diminuta cantidad. Hay otros estudios que se han hecho sobre el nivel de glifosato en la sangre y en la orina han encontrado un nivel demasiado alto de glifosato … en personas que se han intoxicado a propósito. Supuestamente, hay un estudio que se ha tomado muestras de orina humana en 18 países del mundo, que ha encontrado un alto contenido de glifosato.  Sin embargo, el dichoso estudio falla en no discutir su metodología en cuanto a la toma de muestras, el método usado para analizar la orina, etc. Además, este estudio no es independiente ya que está subordinado en fondos a Friends of the Earth, una organización en principio antiOGM y antitransgénica.

Pero … ¿y qué hay en torno al glifosato y su relación con el autismo, el Alzheimer, la enfermedad celíaca … y prácticamente todas las enfermedades de la faz de la tierra (o eso casi lo que alegan)? De eso se tratará mi próximo artículo …

… ¡Y realmente no puedo esperar a escribirlo! En fin, se va a tratar de artículos de revistas predadoras tipo OMICS en la que sus autores no hacen experimento alguno (ni controlado ni no controlado) para llegar a estas conclusiones …

¡Hasta entonces!

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