Portada de Pablo el Emisario

Quería informarles vía mi blog que ya se ha publicado la tercera edición de mi libro Pablo el Emisario. Para los detalles en torno a dónde lo pueden conseguir o dónde descargarlo gratis, visiten su página cibernética: http://pablo.pmrb.net.

Los que hayan leído las dos ediciones anteriores (aquí está el acceso a la segunda edición) y esta nueva edición se sorprenderán de varias cosas. Lo primero que salta a la vista fue el añadido de ilustraciones y gráficas en el texto. En parte, mi intención era estética. Un libro con ilustraciones hace más agradable la lectura. Sin embargo, no quería añadir demasiadas, no fuera que resultara ser una distracción y que tuviera como resultado una lectura del contenido mucho más difícil. Además, haría la edición a colores (la edición de lujo) mucho más hermosa. Sin embargo, una gran parte de estas iban más allá del puro aspecto estético. Como en el caso del Apéndice C, ayudan al lector a ilustrar parte de la discusión del texto. Así también el caso del retrato de la Caverna de Santa Tecla, que presenta una evidencia física del desprecio de ciertos cristianos al ministerio o autoridad de las mujeres en el cristianismo medieval. La ilustración no se discute en el texto, pero da una idea de lo que ocurrió después de que el cristianismo del primer y segundo siglo fue marginando a las mujeres del ministerio y las subordinaba a la autoridad de los hombres.

Han habido toda una variedad de cambios al texto y, aunque las tesis principales no varían mucho, ha habido una elaboración más detalladas de estas. En otros casos, ha habido unos cambios radicales en otras posiciones. La más notable la pueden encontrar en el capítulo 6, en relación con la cristología paulina. Antes adopté una posición en la que supuse que una cristología paulina que sostuviera a Jesús como Dios era demasiado temprana para ser supuesta por Pablo, por lo que adopté la posición de Senén Vidal y otros en relación con el tema. Tras el estudio del libro de Bart Ehrman, How Jesus Became God, del libro de Susan Garrett, No Ordinary Angel y finalmente la lectura de los libros de Larry Hurtado, ¿Cómo llegó Jesús a ser Dios?One God, One Lord, cambié de parecer. No solo la convicción de que Jesús era Dios era temprana en el cristianismo primitivo, sino que sostengo que fue la teología sostenida por el movimiento de Jesús como resultado de la proclamación de su resurrección, tal como presenta Hecho de los Apóstoles en un momento dado (Hechos 5:30-31; 13:32-33).

El otro cambio sustancial tiene que ver con la llamada “Nueva perspectiva” de Pablo, en la que se le concibe como judío practicante y observante de la Torah después de sus experiencias revelatorias y cambio de vocación. Para él, se le eximía a los gentiles (no a los judíos, incluyéndolo a él) de la observancia de ciertas disposiciones de la Torah. En varios capítulos enfatizo este punto cardinal que adopté como parte del planteamiento central del libro.

También hubo otro cambio bien importante. En el 2015, Senén Vidal publicó su excelentísima traducción del Nuevo Testamento y la utilicé como texto para citar el Nuevo Testamento cristiano.

En cuanto al resto del libro:

  1. En el capítulo 1 no hubo cambios sustanciales, pero sí correcciones de contenido y de descuidos gramaticales. Pulí el estilo para que fuera más fácil su lectura. Hice lo mismo en los demás capítulos.
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  2. En el capítulo 2 tampoco hubo cambios sustanciales.
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  3. En el capítulo 3, tampoco hubo cambio sustancial de contenido excepto una porción del texto que entendía que entorpecía un poco la línea de discusión en torno a las razones de las persecuciones de Pablo al cristianismo primitivo. Lo discutido en dicha porción se colocó en el Apéndice A.
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  4. En el capítulo 4 podemos observar ya unos cambios de parecer en torno a una diversidad de temas. Esto se dio como resultado de mi lectura de diversas obras del filólogo español Antonio Piñero: Guía para entender el Nuevo TestamentoGuía para entender a Pablo de Tarso, La verdadera historia de la Pasión (coautoría junto a Eugenio Gómez Segura) y El Juicio Final (coautoría junto a Eugenio Gómez Segura).
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    En la primera y segunda ediciones de mi libro asocié equivocadamente la noción expiatoria del Siervo Sufriente como la comprendían los cristianos primitivos con la noción de sacrificio (derrame de sangre) vicario. Algunos eruditos también hacen lo mismo y pensaba que esa era la posición mayoritaria (aunque en realidad es un poco disputada). Sin embargo, Piñero informa que el primero sí era consistente con el contexto judío, mientras que el segundo no. Aunque no muchos eruditos siguen esa línea de pensamiento (que creo que para muchos es novel), creo que su argumento es sólido.
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    También cometí el error de acercar demasiado las cosmovisiones de Jesús y la de Pablo. Eso me llevó a no aclarar una diferencia fundamental entre la manera en que Jesús concebía el Reino de Yahveh (como terrenal) y la de Pablo (como celestial). De hecho, ahora acepto lo que no aceptaba en las ediciones anteriores: que Pablo sí ha sido influenciado en mayor grado (más de lo que inicialmente pensaba) por la filosofía helenística. Aunque no creo que el fuera filósofo (y continúo sosteniendo esta posición), sí creo lo que Piñero sostiene: que Pablo fue influenciado por una especie de “platonismo vulgar” característico de su ambiente helenístico y que afectó el pensamiento del judaísmo de la diáspora en general.
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    Por lo demás, menciono las citas directas e indirectas de Jesús que encontramos en Pablo y añadí una concerniente a la convicción del favor de la otorgación del conocimiento divino a los humildes y no a los sabios.
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  5. Otro de los grandes cambios se pueden notar en el capítulo 5. Pensé que en las ediciones anteriores dejé un gran “hueco” en la discusión en torno a las iglesias y congregaciones primitivas. ¿Cómo estaban constituidas? ¿Cuál fue el proceso de su establecimiento? ¿Cómo se estructuraron carismáticamente las congregaciones judeohelenistas como las de Corinto? (En este último punto contribuyó mucho la lectura de un ensayo de Juan Bek) El resto del capítulo es prácticamente idéntico a las ediciones anteriores.
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  6. El capítulo 6 (que ya discutimos un poco), trabaja otro “hueco” que quedó de mis ediciones anteriores. El cristianismo primitivo sostenía una gran diversidad de cristologías (lo que yo llamo “sopa de cristologías primitivas”) y las identifico. Más tarde, trabajo el problema de cómo Pablo entendía a Cristo como deidad y su relación con el Padre. Como nota interesante, añado una posible reciente interpretación: que para Pablo, Jesús era un ángel (mensajero divino). Elaboro los detalles que parecen justificar esta perspectiva, aunque me muestro indeciso en torno al asunto. Puede ser posible que Pablo viera en Jesús un ángel (quizás el Ángel de Yahveh), pero no hay realmente pasajes claros de ello. A pesar de ello, no deja de ser una perspectiva muy interesante.
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  7. En el capítulo 7, correspondiente al capítulo 6 de mis ediciones anteriores, hago unas pequeñas correcciones, pero fundamentalmente no altera mucho el texto.
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  8. En el capítulo 8, correspondiente al capítulo 7 de las ediciones anteriores, no hubo muchos cambios, fuera de correcciones menores.
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  9. En el capítulo 9, correspondiente al capítulo 8 de las ediciones anteriores, tampoco hubo cambios significativos.
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  10. En el capítulo 10, que corresponde al capítulo 9 de las ediciones anteriores, sí sufrió cambios. El más evidente es el título del capítulo y la inclusión del tema de la llamada “obsesión paulina” en relación con la virginidad. El capítulo se encarga de ponerla en perspectiva. Además, quise adentrarme en el tema de la supuesta homosexualidad de Pablo con un mayor sentido de justicia con mis oponentes y utilizo uno de los textos del obispo Shelby Spong como referente de su posición. Utilizando su obra, muestro que el obispo Spong y los que sostienen que Pablo era homosexual están rotundamente equivocados. Cuando discuto el tema de cómo Pablo trata el tema de la homosexualidad, utilicé información adicional que cayó en mis manos gracias a la reciente publicación de E. P. Sanders, Paul: The Apostle’s Life, Letters, and Thought.
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  11. El capítulo 11 es uno enteramente nuevo y que intenta responder a diversas vertientes del miticismo que tanto se ha vuelto de moda en los círculos ateos, agnósticos y escépticos. Después de leerlo, me doy cuenta de lo irritado que estaba cuando lo escribí, pero sostengo cada palabra que aparece allí. Para ser justo, reconozco una vertiente más sensata de un sector más académico y la distingo de la otra que es más producto de falseamiento decimonónico de la historia antigua, que pinta al cristianismo casi como una copia al carbón de las religiones antiguas de todo el mundo. La segunda es sencillamente falsa y no requiere discusión alguna. La primera, aunque más sofisticada, merecía una contestación más precisa. Sin embargo, solo me concentré en la manera en que se abusa de las cartas de Pablo para sostener las dos vertientes.
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  12. Este también es un capítulo casi completamente nuevo en el que elaboro mi hipótesis de que Pablo no era filósofo, que esa era una imagen creada por Hechos de los Apóstoles, entre otros factores. Sin embargo, las cartas de Pablo muestran que era un judeohelenista apocalipticista del siglo I y todo su pensamiento giraba dentro de esa cosmovisión, no a las diversas filosofías helenísticas. Aunque sí hay que admitir una influencia de un “platonismo vulgar” que se reflejaba en la cultura judeohelenista en general, no pasaba de eso. Pablo despreciaba la filosofía.

Además de lo anterior, añado una serie de apéndices. El Apéndice B muestra una serie de confesiones y credos valiosos que se pueden encontrar en las cartas paulinas. En la discusión de la Última Cena, me atreví a añadir la discusión minoritaria en el ámbito de la erudición bíblica (pero a mi juicio correcta) del Dr. Piñero. Sin embargo, en el momento de la publicación pasó inadvertida una aclaración que debí haber hecho:

  • El Dr. Piñero no parece sostener que los versos de Lucas 22:19b-20 fueron añadidos posteriormente. Sin embargo, lo que  quise decir, es que el hecho de que varios eruditos consideren este pasaje una interpolación posterior, sostiene mucho mejor su hipótesis de que el relato más conocido de la Última Cena se remite a Pablo y sus experiencias revelatorias (y que él no estaba transmitiendo una tradición de otros) y que Jesús originalmente celebró un kiddush.

Aunque he querido atenerme lo mejor posible a las posiciones consensuadas entre los expertos bíblicos, la argumentación de Piñero en este caso es TAN sólida, que creo que debería prestársele mucha mayor atención.

En el Apéndice C, elaboro más, pero con brevedad, la hipótesis de Richard Elliott Friedman y otros biblistas del Antiguo Testamento de que los levitas fueron los que originalmente “experimentaron” el llamado “Éxodo” y no todo el pueblo israelita. Utilizo como referencia el Himno del Mar.

Finalmente, en el Apéndice D, elaboro un poco más ciertas observaciones en torno al Canto de Déborah.

Espero que les guste el nuevo texto y que estoy abierto a cualquier crítica racional y constructiva al respecto.

 

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